Chile, Alemania y Ucrania ¿Triangulación de armas?

Medios de prensa denunciaron maniobras en favor de Kiev. Los antecedentes chilenos.

Por José Salvador Cárcamo(*)

El Estado chileno habría accedido a vender a Alemania al menos 30 vehículos de combate de infantería que tendrían como destino final Ucrania, reveló en la segunda quincena de noviembre pasado una investigación del medio electrónico chileno “El Mostrador”. Se tratarían de carros blindados Marder, modelo 1A3, que posee el Ejército de Chile, que suelen acompañar a los tanques Leopard en combate. Estos vehículos, fabricados por Rheinmetall —gigante de la industria de defensa en Alemania—, fueron adquiridos por el país trasandino a la nación europea en el año 2008, pero ahora Berlín tendría interés de recuperarlos para enviarlos al régimen de Kiev.

Chile posee una flota de aproximadamente 270 unidades de Marder 1A3, sometidas a programas de modernización, que las hace atractivas para las necesidades actuales del frente ucraniano. El Estado alemán solicitaría trocar estos blindados para reponer sus propios arsenales o enviarlos directamente a reforzar al ejército ucraniano; la contrapartida para Chile sería la transferencia de tecnología alemana de defensa antiaérea. Esta operación se realizaría luego de que sus vecinos, Bolivia, Argentina y Perú anunciaran la compra de material de defensa. Por un lado, Bolivia con drones iraníes Shahed, los mismos que Rusia usa en la guerra en Ucrania. Por el otro, Argentina empezó a renovar su material de guerra aéreo, con una primera compra a Dinamarca de 24 aviones F-16 Fighting Falcon, de segunda mano. Finalmente, Perú anunció la compra de 24 aviones de combate F-16.

De concretarse esta operación entre Alemania y Chile, el beneficio para este último es actualizar su tecnología alemana de defensa antiaérea, posiblemente sistemas Flakpanzer Gepard o Skyranger. El Flakpanzar Gepard (clásico) es un sistema antiaéreo basado en el tanque Leopard 1, efectivo contra drones y helicópteros; el Skyranger (más moderno) es un sucesor del anterior, altamente digitalizado, y que ofrece mayor precisión y capacidad antidrones, con sensores superiores electroópticos, diseñado para la guerra moderna de drones y misiles cruceros.  

Ante consultas de periodistas, tanto el Ejército como el Ministerio de Defensa chilenos declinaron pronunciarse. Sin embargo, el canciller Alberto van Klaveren señaló que “no nos podemos referir a las compras de elementos bélicos, ni a la venta tampoco”, recalcando que “hay una normativa chilena que impide proveer de armas a países que están en conflicto activo. En consecuencia, ninguna operación puede infringir esa norma general”.

El sustento de la hipótesis de triangulación (Chile, Alemania, Ucrania) es la existencia del programa alemán de ayuda militar a Kiev denominado Ringstauch (intercambio de equipamiento militar), iniciado desde el comienzo de la guerra en febrero de 2022, que provee a la administración de Zelensky de distintos tipos de armamentos, incluido los Marder 1A3. De acuerdo al especialista en defensa Wes O’Donnell, el negocio es conveniente para Ucrania, Alemania y Chile. Este último, se beneficiaría con un sistema antiaéreo de vanguardia, dado que la defensa aérea de Chile es anticuada y escasa, lo que actualizaría su defensa aérea al siglo XXI.

Lo concreto es que, a la fecha, no se ha efectivizado la transacción entre Chile y Alemania, pero de concretarse la moneda de cambio serían los Marder 1A3 demandados por Ucrania para una modernización de la defensa aérea chilena.

Lo anterior muestra el dinamismo del Estado chileno y Fuerzas Armadas (FF.AA.) chilenas en responder a las necesidades de modernización o actualización por un lado y un discurso de neutralidad, que en ocasiones no es tal.

¿Dónde arranca este dinamismo de modernización/actualización en Defensa del Estado chileno?

Para responder a este interrogante tenemos que ir a la “Enmienda Kennedy”, impulsada en el Congreso de Estados Unidos por el senador Edward Kennedy, en 1976, después del atentado terrorista en el que murieron el excanciller socialista chileno Orlando Letelier y una ciudadana estadounidense, en Washington. El ataque fue atribuido a agentes de la dictadura chilena en complicidad con la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA). La enmienda Kennedy impedía vender armas a Chile hasta que se verificaran tres condiciones: progreso en el respeto de los derechos humanos, garantías de que la dictadura de Pinochet no encubriría a terroristas internacionales y que, por lo tanto, iba a juzgar a los implicados en el asesinato de Letelier, y que la venta del armamento fuera de interés nacional para Estados Unidos. Esta enmienda se prolongó hasta el retorno de la democracia en Chile en 1990.

Esta medida de 1976 llevó a la dictadura militar a buscar una mayor autonomía e impulsó la modernización de Fábricas y Maestranzas del Ejército (FAMAE), lo cual  estimuló también al sector privado. Fue el caso del empresario Carlos Cardoen, que impulso junto a FAMAE la producción local de armas, cohetes, bombas de racimo, mantenimiento, etc. para evadir así el bloqueo estadounidense en la compra/venta de armamentos. Se rompería de esta forma la dependencia del Estado chileno, de armas de origen estadounidense vigente hasta antes de la enmienda Kennedy. Y se fortalecería —como efecto no deseado de la enmienda— la capacidad de fabricación industrial propia y la diversificación de proveedores de la Fuerzas Armadas chilenas.

¿Es neutral el Estado chileno como declama?

En octubre de 1987, los diarios The New York Times y The Washington Post publicaron sendas notas donde señalan que el empresario Carlos Cardoen se había convertido en el mayor productor de armas chileno gracias al bloqueo (enmienda) de Estados Unidos. Decía que exportaba armas y bombas de racimo a Irak, en su guerra contra Irán, por ejemplo. Es importante recordar que en ese momento Sadam Husein era aliado de Estados Unidos en la guerra contra el Estado Islámico de Irán (1980-1988). En 1991, durante el gobierno de Patricio Aylwin, primer gobierno democrático en Chile una vez finalizada la dictadura, aunque Pinochet seguía siendo comandante en jefe, se detectó la exportación ilegal de armas de Chile a Croacia cuando se desarrollaba la guerra de los Balcanes, que llevó a la desintegración de Yugoslavia. Naciones Unidas imponía una prohibición a los países miembros de ese organismo, de vender de armas a las partes en conflicto. Es importante recordar que Argentina, durante el gobierno de Carlos Menem, también realizó venta ilegal de armas a los Balcanes. En el caso chileno, la Corte Suprema sancionó 20 años después con cárcel a siete militares y dos civiles involucrados en el tráfico de armas.

En 1995, en la guerra entre Ecuador y Perú por la disputa de una zona del río Cenepa, también los Estados chileno y argentino vendieron clandestinamente armas, en este caso al ejército ecuatoriano. El presidente chileno en esa fecha era Eduardo Frei Ruiz Tagle y en Argentina, el mismo Carlos Menem. Lo escandaloso del hecho es que ambos países eran garantes del proceso de paz entre Ecuador y Perú.

Detrás de este conjunto de operaciones descritas se tiene una connivencia de un conjunto de actores: políticos, militares, agentes de inteligencia y empresarios, que controlan el flujo de dinero de la venta y compra o contrabando (venta ilegal) de armamentos.

Se deduce de lo anterior que la neutralidad se proclama, pero no se practica.

Con respecto a la guerra Rusia-Ucrania, la postura del Estado chileno es de condena al gobierno de Putin y de apoyo a la integridad territorial de Ucrania, fundamentada en el respeto al Derecho Internacional. En esto se olvidan los representantes del Estado de Chile que el último gobernante de la URSS, Mijaíl Gorbachov, recibió el compromiso de parte de las autoridades políticas de EE.UU. de que las fuerzas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) no avanzarían hacia las fronteras rusas, promesa que no se cumplió y es una de las causas del conflicto.

¿Es hoy América Latina una zona de paz?

La respuesta es evidente: no.

El 3 de enero de 2026, el presidente estadounidense Trump dio la orden de invadir, atacar y bombardear a Venezuela, secuestrando a su presidente, Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores, con la secuela de destrucción y más de cien personas asesinadas, entre ellas, la guardia de seguridad del presidente venezolano, integrada mayormente por 32 cubanos. Se suma a esto el bloqueo criminal contra Cuba que se profundiza con el anuncio de Trump, que Cuba es una “amenaza para la seguridad nacional y la política exterior estadounidense”. Ambos hechos son declaraciones de guerra encubiertas.

Si nos remitimos al caso de Chile, frente a la posibilidad de triangulación en la venta de armas Chile-Alemania-Ucrania, el Observatorio por el Cierre de la Escuela de las Américas de Chile (SOAW-Chile) dirigió una carta a la ministra de Defensa Adriana Delpiano donde plantea: “Solicitamos al Ministerio de Defensa que en caso de ser cierta la información, difundida por el diario El Mostrador, cancele dichos compromisos con el gobierno alemán”. Se envió una copia de esta carta a la diputada del Partido Social Demócrata en el Bundestag (Parlamento) alemán, Isabel Cademartori, nieta de José Cademartori, exdiputado comunista chileno hasta 1973, y quien fuera ministro del presidente Salvador Allende.

En la carta se le solicita a la diputada alemana su apoyo “para que Alemania no involucre a nuestro país en este conflicto que lamentamos” y donde, en vez de seguir enviando armas, hay que insistir en un alto al fuego y negociaciones de paz.

En Chile se realizaron elecciones presidenciales en diciembre pasado, en las cuales, como se sabe, fue electo José Antonio Kast como presidente, quien asumirá el 11 de marzo. Surge entonces otra pregunta.

¿Qué actitud tomará Kast al respecto a la denuncia de triangulación y el conflicto Rusia-Ucrania?

Dado el actual contexto internacional, el gobierno electo mantendrá una postura similar a la del saliente presidente Gabriel Boric, es decir, señalar que, de acuerdo a la legislación chilena, está prohibido vender armas a naciones en guerra. La denuncia de El Mostrador y sus repercusiones detuvo la transacción hasta el momento. Pero si la venta a Alemania se concretara, es dudoso el beneficio que pueda tener para el Estado chileno, aprovechar la “gran zona gris” triangular para el traspaso de armas, pues el Estado chileno dejaría de ser neutral.

Y surge una nueva pregunta ¿En la disputa geopolítica por el control del Ártico y la Antártida vale todo? Pero eso es para otra nota.

* José Salvador Cárcamo es economista, investigador y profesor Consulto Adjunto de la Facultad de Ciencias Sociales y Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Es también egresado de la Maestría de la Escuela de Defensa Nacional-Argentina. Ha escrito solo y  en coautoría varios y publica en diferentes medios, como Tiempo Argentino y Revista H de Acercándonos Ediciones, entre otros.

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