Tres miradas sobre la Guerra de Ucrania ven como trasfondo una transformación mundial.
El historiador Jorge Wozniak, habitual colaborador de Tektónikos; Ignacio Wonsiak, especialista en geopolítica y políticas territoriales de la Federación Rusa, y Andrés Kozel, sociólogo investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), analizaron en un encuentro organizado por la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS) diferentes escenarios en que se desarrolla la guerra de Ucrania.
Las presentaciones fueron ofrecidas en la mesa redonda “La guerra en Ucrania y la situación de la Federación Rusa a nivel internacional”, en los últimos días de noviembre pasado.
Contener a la OTAN
La introducción de Jorge Wozniak se basó en la afirmación de que la guerra de Ucrania “no tiene que ver con la apropiación de recursos. Es cierto que los recursos de la zona del Donbás son extraordinarios, pero no nos olvidemos que, fuera del Donbás, Rusia tiene toda Siberia. Entonces esto es un granito de arena en un contexto de disponibilidad de recursos amplísimos.”
Por otro lado, coincidió con Ignacio Wonsiak en que la estrategia rusa “tiene que ver con la protección cultural del mundo ruso”, lo que relacionó con “la política sistemática de los grupos nacionalistas en Ucrania para romper un estado multinacional, donde había grupos de diferentes prácticas religiosas (básicamente ortodoxos rusos, ortodoxos griegos, católicos, etc.) e imponer una cultura uniforme”. Recordó el objetivo del gobierno de Ucrania de imponer “una iglesia nacional que no tuviera nada que ver con la ortodoxia rusa”, así como tratar de forzar la instalación del idioma ucraniano “cuando la gran mayoría de la población habla en ruso… Y efectivamente, eso a nivel interno de Rusia, lo de proteger el mundo ruso, es políticamente razonable, porque pese a la acusación de que en Rusia hay un régimen unipersonal, hay un sistema donde hay que ganar voluntades. Las elecciones expresan un respaldo amplísimo a una política que es una combinación de nacionalismo, conservadurismo, vinculación con sectores religiosos. Es una articulación difícil de definir con un término como ‘conservadurismo’, que para nosotros tiene otro significado”.
Wozniak remarcó que un “punto central” para hablar de la guerra es contener a la OTAN: “En los 90, cuando la URSS entra en una fase de disgregación, hubo acuerdos verbales de que la OTAN no se iba a expandir un centímetro hacia el este. Pero efectivamente, aprovechando la debilidad rusa de toda la década del 90, la OTAN fue saltando estos acuerdos verbales porque no había nada escrito, y lo que no está firmado parece que no debe ser obedecido. Y, por lo tanto, la frontera de la OTAN se extendió hasta la frontera de Rusia.”
Mencionó como elemento relevante en este contexto la llamada “Revolución del Maidán”, “que más que una revolución fue un golpe de Estado. No se respetaron los pasos legales para la destitución de un presidente que era cuestionado, pero al mismo tiempo, ese régimen que se crea, avalado por Estados Unidos (no por la Unión Europea, sino por los EE.UU.), apoyó una política de ruptura con Rusia y de homogenización cultural en Ucrania.”
Una ruptura histórica
El historiador sostuvo que el escenario del conflicto tiene cuestión de fondo la decadencia de Occidente. “Lo que estamos presenciando es una ruptura a nivel histórico como se ha visto pocas veces… tal vez la caída de la URSS se parezca a esto; la Primera Guerra Mundial, el fin de la Edad Media. Lo que tenemos es el retroceso palpable del poder de los EE.UU. y a Europa Occidental como un conjunto de Estados vasallos de los EE.UU. A partir del fin de la URSS se construyó un mundo unipolar con EE.UU. como, literalmente, la única potencia mundial. Es cierto que otros tenían armamento nuclear, pero eso no implicaba que tuvieran el peso que tenía EE.UU, porque este país controlaba el sistema financiero mundial (el FMI, el Banco Mundial, el dólar) y dictaba las reglas del juego. Eso implicaba al mismo tiempo la violación de lo que se llama el derecho internacional. Pensemos, por ejemplo, en el ataque de la OTAN a Yugoslavia exigiendo la independencia de Kosovo, o el ataque a Irak que supuestamente tenía armas de destrucción masiva”.
“Sin embargo”, explicó Wozniak, “lentamente, en ese mundo unipolar tenemos dos fenómenos: por un lado, el crecimiento económico de China, en un plano supuestamente subordinado a EE.UU. dentro del proceso de globalización —lo cual no es cierto porque fue una política de Estado para crear un aparato industrial propio que no dependiera de las provisiones de insumos occidentales, en un primer momento de tecnología, pero el resto después se volvió autosuficiente. En la medida en que China se convirtió en una potencia industrial autosuficiente, tenemos lo que está pasando ahora: inunda el mundo de mercaderías con las que no se puede competir, porque el entramado industrial chino es de tal complejidad y de tal eficiencia que es imposible competir en la mayoría de los rubros. En ese contexto EE.UU. es la principal potencia mundial, pero China empieza a convertirse en el eje económico en cuanto a la producción industrial. Y lentamente lo que vamos viendo es que el dólar como moneda de reserva va cayendo a nivel internacional, lo que es el elemento más palpable de la decadencia de los EE.UU. Al terminar la Segunda Guerra Mundial casi el 80% de las reservas de divisas de todos los bancos centrales del mundo estaban en dólares, pero ahora estamos en algo así como el 57%. Sigue siendo un porcentaje extraordinario, pero también muestra un retroceso paulatino de esa posición única que poseía en las décadas anteriores.”
China
Avanzando en el análisis, Wozniak sostuvo que mientras China “comienza a avanzar a pasos agigantados en el control del comercio internacional, tenemos la reconstrucción económica de Rusia. La década del 90 es la antítesis de lo que quiere la mayoría de la sociedad rusa. Y esa década está asociada al capitalismo en su versión neoliberal. Por lo tanto, todo aquello que garantice no volver al desempleo, la desindustrialización, la inflación, el crimen organizado, es avalado por la sociedad masivamente. Y a partir de 2007-2008, en una conferencia frente a los representantes de los ministerios de relaciones exteriores de toda la Unión Europea, Putin plantea en nombre del Estado ruso que hay que tener un sistema de seguridad colectivo en Europa, que garantice no solamente la seguridad de Europa Occidental, sino la seguridad de Rusia. Adelanta en ese momento que si no se llega a un acuerdo de este tipo, las consecuencias van a ser devastadoras para todos. Hubo un intento de negociar algún tipo de acuerdo, que fracasó.”
Los BRICS
Wozniak plantea entonces otro escenario: “En ese contexto tenemos el surgimiento de los BRICS como uno de los puntos de lo que es ese nuevo polo económico-político y posiblemente militar que se está estructurando (todavía no está armado) y puede desestructurarse o tener variaciones. Los BRICS pueden ser la estocada final a la hegemonía estadounidense. ¿Por qué? Porque los BRICS que representan actualmente, algunos dicen, el 70% del PBI del mundo y están dando un paso que puede ser demoledor, que es el surgimiento de una moneda propia —no una moneda tangible, sino una moneda digital. Se está discutiendo si va a ser efectivamente el cruce de una canasta de monedas donde entre la moneda de China, de Rusia, de otros Estados, y que del promedio del valor de esas unidades salga esa moneda virtual que permitiría no tener que comprar dólares al momento de tener que comprar productos en otros estados. Usar eso, como una moneda virtual por lo que se llama en el sistema bancario un clearing: una compensación entre bancos centrales al momento de ver quién le debe qué cantidad de divisas a otro Estado. Esto es algo que efectivamente preocupa a los grupos dirigentes en EE.UU. —republicanos y demócratas—, porque sería la estructuración a nivel internacional de un sistema financiero propio. La otra pata de este posible colapso occidental es el abandono del sistema SWIFT: un registro, una especie de QR vamos a decirle así, para blanquear qué transferencia de dinero hace un banco de un país a cualquier otro banco o entidad financiera de otro país. La sede de ese sistema de registros teóricamente está en Bruselas, pero en la práctica está en Atlanta. lo cual permite controlar qué es lo que se está pagando a nivel internacional. Se trata de una información estratégica a la hora de fijar la política exterior de los EE.UU. Lo que permitió el control del sistema SWIFT es que las potencias occidentales pudieran sancionar a Rusia excluyéndola del sistema SWIFT. Esto comenzó a suceder desde el principio de la anexión de Crimea. Por lo tanto, viendo lo que podía venir, desde el 2014 los economistas rusos planificaron la creación de su propio sistema SWIFT, como intento de construcción de una interconexión bancaria alternativa al SWIFT, y los chinos, viendo lo que les podría pasar si entraban en un conflicto con EE.UU., crearon su propio sistema SWIFT. La diferencia entre el sistema que creó Rusia y el chino es la cantidad de bancos que se vinculan a uno y otro. Para que nos demos una idea: el SWIFT nuclea a algo así como 12.000 instituciones a nivel mundial, mientras el sistema ruso nuclea a unas 130-160, básicamente en lo que era la zona de influencia de la URSS. El sistema chino tenía, a principios de año, algo así como 1.200 instituciones nucleadas, y va creciendo. Por lo tanto, cuando vemos que en Occidente se aplican cada vez más sanciones a Rusia y a otros estados, el efecto práctico es mínimo ahora. Hay la creación de una moneda alternativa que se está todavía aceitando, la creación de una tarjeta de crédito internacional que permite no usar las conocidas por todos que controla el bloque occidental. Los BRICS están creando sistemas de pagos en la medida en que gana un peso creciente su comercio recíproco”.
Rusia y China
Ante este panorama, “azuzada por sectores neoconservadores estadounidenses y las elites de Europa Occidental, hay una presión para desacoplar la complementariedad que se estaba dando entre la economía rusa y la economía de Europa occidental —los gasoductos Nord Stream, son lo más visible pero no es lo único. Pero eso está provocando una consolidación de la relación entre Rusia y China, que no es una cuestión de una alianza entre dictadores: es una cuestión de cooperación entre intereses nacionales. El apoyo de China a Rusia tiene que ver con una cuestión básica de supervive, dijo el especialista. “Si uno mira el mapa —agregó—, por el sur de China tenemos a Corea del Sur, Taiwán, Japón, formando una barrera que impide el acceso libre a los mares de una China que cada vez necesita integrarse más al mercado mundial. Si Rusia llegara a caer, o si Rusia se llega a fragmentar en múltiples Estados, China tendría un problema al sur y al norte, con lo cual estaría encerrada en todos lados, y eso permitiría presiones para obtener concesiones”.
El Ártico
En ese contexto, “lo que tenemos es que están cambiando las rutas comerciales mundiales. Gracias al calentamiento global los mares están perdiendo la cobertura de hielo en el Ártico, lo cual permite que la flota de rompehielos rusa, que ya venía de la época soviética, abra más fácilmente un corredor entre Europa y el Extremo Oriente. Así, China ahora ya no tiene que pasar por el estrecho de Malaca, controlado por bases occidentales, ni por el sur de África, ni por el canal de Suez, sino que ahora, en la tercera parte del tiempo, llegaría vía el Ártico al principal mercado consumidor que tiene en el mundo. Esto es un golpe demoledor para EE.UU., y explica la exigencia de EE.UU. a Rusia de que la ruta del Ártico sea considerada como un estrecho internacional. Es decir, que ellos pudieran tener libre tránsito, aunque no estarían pasando por aguas internacionales sino por aguas rusas. Y esto es una baza de presión que tiene cualquier gobierno ruso sobre la economía estadounidense y la economía china”.
Mercenarios, la conexión con América Latina
Finalmente, Wozniak relacionó la Guerra de Ucrania con América Latina a través de los llamados “mercenarios”. “Allí se concentra la propaganda”, aseveró y explicó que “cuando hay extranjeros que van a combatir por Ucrania, son voluntarios; cuando son extranjeros que van a combatir por Rusia, son mercenarios. Usando palabras de Gramsci: cuando la ideología se convierte en dominante, pasa a ser sentido común. Resulta imposible que EE.UU. engañe, porque los que engañan son el eje del mal. Cuando alguien manifiesta algo que contradice esa lógica convertida en sentido común, se lo excluye. Colombia tiene casi mil, mil quinientos voluntarios ‘combatiendo por la libertad’. Debe notarse que aquello que se declara al momento de firmar el contrato es diferente a lo que luego pasa en la realidad. Esos mil euros que se pagan no son todos los meses sino durante el momento de servicio en el frente. Muchos que van con la expectativa de poder tapar huecos en su economía de las que vienen descubren que están jugándose la vida por pagos menores.
Las prácticas representacionales
Por su parte, Ignacio Wonsiak hablo de la “Nueva Rusia” como parte de un momento en que la Federación Rusa y Vladimir Putin en los últimos veinte años son grandes generadores de sentido que nos permiten estudiar qué es lo que entendemos que es la imaginación geopolítica rusa.”
Wonsiak citó a autores como John Agnew, Gearoid Ó. Tuathail y Simon Dalby, quienes “empezaron a estudiar a partir de los años 90 el concepto de la imaginación geopolítica, con esto de las prácticas espaciales —que tiene que ver con las prácticas materiales en el territorio— y las prácticas representacionales, que tiene que ver con cómo los Estados y los actores ‘espacializan’ determinados aspectos de la geopolítica. En la geopolítica occidental, cuestiones como el primer mundo, el tercer mundo, el terrorismo musulmán, el Oriente Medio… Hay tantas ‘espacializaciones’ que vienen con determinado sentido común y las hacemos parte de nuestros propios análisis.”
Finalmente, Andrés Kozel evaluó que “esta guerra está perdida para la OTAN y no va a dar ni de lejos los resultados esperados, que eran desestabilizar al gobierno de Rusia, y también en efecto buscó quebrar la balanza versus China, minar la creciente fortaleza de los BRICS y perjudicar directamente, a China, que según algunos es el verdadero y principal rival de todos”. “Estamos”, dijo, “atrapados en un bucle temporal de resolución impredecible, en una burbuja tonta, infestada de miasmas pestilentes, sin saber cómo salir”.
